sábado, 31 de diciembre de 2016

El Destino de Paula 30





Capítulo 30
CARLOS:
Salgo del baño y me encuentro a Paula tirada en el suelo retorciéndose de dolor.
-         -   ¿Estás bien Paula? ¿Qué te duele? Háblame por favor, me estas asustando… -
-           -  Me…quema…la…barriga… - le cuesta hablar.
-           - ¿Te quema? Pero como te va a quemar… voy a llamar al médico, no te muevas, voy a por mí móvil. – salgo corriendo de la habitación hacia el comedor que es donde he dejado mis cosas. Cojo mi móvil y marco el número de Mario.
-          -  Buenas Carlos ¿ocurre algo? –
-          -  Buenas noches Mario. Es Paula, he salido del baño y la he encontrado tirada en el suelo, dice que le quema la barriga. No sé qué hacer, se retuerce de dolor y apenas puede hablar. –
-           - ¿Le has mirado la piel? Puede que le haya dado un brote alérgico, aunque si dices que le duele mucho… -
-           - Voy a mirarle… Paula, déjame verte la piel, de la barriga, tengo a Mario al teléfono. – ella se sienta en el suelo con mi ayuda y le levanto las dos camisetas que lleva, además de bajarle la banda elástica del pantalón de premamá. - ¡¡DIOS MIO!! ¡No puede ser! –
-          -  Carlos ¿ocurre algo? – el doctor sigue al teléfono, pero yo no puedo creerme lo que estoy viendo. – Carlos, contesta, dime algo ¿estáis bien? –
-          -  Es…estoy aquí Mario.  – le contesto volviendo a la realidad. – Paula ti…tiene marcas en la barriga, como…como yo… - aún sigo asimilando lo que estoy viendo.
-          -  ¿Marcas? ¿Cómo las tuyas? Entonces mis sospechas eran certeras, el bebe lleva tu genética y tendrá la misma enfermedad que tú, Carlos. Necesito que vengáis al hospital ya, tengo que hacerle unas pruebas a Paula. Y tranquilo, se en que piensas, no son las otras que dije, estas no son invasivas. –
-          -  Ahora mismo vamos Mario. Entramos por urgencias ¿no? –

Me guardo el teléfono en el bolsillo del pantalón, le coloco bien la ropa a Paula y la ayudo a levantarse a pesar del dolor que siente. Cuando estamos casi en la puerta, cojo nuestras cosas y nos vamos camino del hospital.
 Una vez llegamos, Mario nos está esperando en la puerta de urgencias con una camilla y un enfermero de confianza. Lo primero que hacen es darle un tranquilizante a Paula. Mario empieza a auscultarla, mientras revisa las marcas de la tripa y le va dando órdenes al enfermero. Yo espero de pie en una esquina de la habitación, no sé qué hacer, no quiero molestar, Mario es un profesional y sabe lo que hace, a mí siempre me ha tratado fenomenal y veo que con Paula es igual. El enfermero debe ser interno suyo, porque no se sorprende ni al ver las marcas que le han salido a Paula en la barriga, ni las mías que se me ven por la cara y cuello.
Cuando Daniel, el enfermero, termina de sacarle sangre a Paula, sale para llevarla a laboratorio.
-          Tranquilo Carlos, Dani es de confianza, además de uno de los mejores enfermeros, es mi sobrino y me está ayudando con la investigación. Tiene más o menos vuestra edad. –
-           - Ya decía yo que se parecía mucho a ti. ¿Cómo esta Paula? –
-           - Bien, vamos a esperar a ver que nos dice la analítica y después seguimos con más pruebas. El bebé se ha alterado un poco, por eso le hemos dado un tranquilizante, necesitamos que tanto ella como el bebé estén en estado normal. Las pulsaciones las tenían muy altas los dos. Sabes lo que estas marcas significan ¿no? Tu hijo tendrá revisiones médicas cada dos por tres. –
-          -  Por mi hijo hare lo que haga falta. Ojalá encontremos la solución antes que nazca y así no tenga que sufrir lo que he sufrido yo.

Dani entra de nuevo con papeles en la mano y se los da a su tío. Mario los mira con detenimiento y después de lo que me parece una eternidad, me dice que su sangre esta alterada, como la mía, pero en menor medida, por el bebé y que por eso solo le salen en la barriga. Me pide que salga un momento para hacerle un par de pruebas más ahora que está dormida.
Espero junto a la puerta, a la espera que salgan Mario y Dani y aunque solo pasa una media hora, a mí me parecen horas enteras. El doctor me dice que nos podemos ir a casa, que todo lo demás está bien, por ahora solo le salen las marcas a Paula, al bebé solo le afecta lo alterada que se ponga la madre con el dolor. Me da una receta para comprarle unos tranquilizantes y me aconseja que siga con Paula las mismas pautas que hago conmigo mismo.



PAULA:

Me despierto un poco desorientada, pero reconozco la cama de Carlos en cuanto enfoco bien la vista. Rápidamente me acuerdo de anoche y me miro la barriga, pero no hay ni rastro de las marcas que me salieron. Me levanto despacio y me visto, para no pasar frio con el pijama. Bajo a la cocina y al pasar por la puerta del despacho que esta semi abierta, escucho a Carlos hablando con alguien por teléfono. Como tengo bastante hambre, ya que ayer al final no cenamos, me dirijo a la cocina a tomarme algo.
Estoy sentada comiéndome una tostada y viendo la televisión, o teniéndola de fondo, cuando Carlos se sienta en la silla enfrente mío.
-          -  Ha llamado tu hermano, a tu móvil, no quería molestarte y lo he cogido. Dice que salía ya de Murcia, en unas 4 horas aproximadamente estará aquí. Le he mandado la ubicación de mi dirección, para que venga primero aquí y después si quieres por la tarde lo llevamos a tu casa para que se quede allí. Si tú quieres, claro. –
-           - ¡Anda! Mi hermano. Se me había olvidado. Él quería quedarse en mi casa, aunque yo esté aquí, no le importaba. ¿Sabrá llegar aquí? –
-           - Supongo que sí, Paula, poniendo la localización en el GPS, no creo que tenga problema. Viene en su coche, no ha querido venir en moto, por el mal tiempo que pueda hacer y lo peligroso de un viaje tan largo en moto. –
-          -  Ese es el cuidadoso de mi hermano, siempre tan precavido. – me rio pensando en él. - ¿Debería contarle lo de las marcas? Al estar aquí, no quiero tener que ocultarle más cosas. –
-          -  No se… - se lo está pensando – habrá que decírselo, porque a partir del anochecer no podremos salir mucho. ¿Es de total confianza tu hermano? –
-           - ¿Fernando? Él es la confianza en persona, nunca ha tenido ningún problema con nadie. –

Termino mi desayuno y Carlos me cuenta todo lo que le dijo el médico ayer, y las pruebas que me hizo. Se me encoge el corazón con la mirada que tiene Carlos mientras me lo cuenta, porque debió ser muy duro para él pasar, y seguir pasando, por todo esto y, además, saber ahora que tu hijo pasara por lo mismo. Intento ser fuerte y lo único que puedo hacer ahora es abrazarlo.
-          -  Tranquilo Carlos, voy a hacer todo lo que este en mi mano para conseguir una cura, seguro que todas esas carpetas que había en casa de tus padres me ayudan con la investigación. Y le dedicare mas horas, ahora que sé que nuestro hijo también está implicado.
Carlos también me abraza y del abrazo pasamos a un beso y después a mas besos, hasta que acabamos en la cama.

Suena el timbre de la casa. Miro la hora y pego un grito de la impresión. Ya han pasado las cuatro horas de espera de mi hermano. Termino de ponerme las zapatillas, mientras Carlos sale del baño para vestirse. Bajo las escaleras lo más rápido que puedo, el timbre vuelve a sonar.  Cuando llego a la puerta, tengo que coger bastante aire, antes de abrir la puerta y comprobar que, efectivamente, es Fernando.
-           - ¡¡Fernando!! ¡Que alegría verte hermanito! – suelta su maleta y me abraza con cuidado.
-           - ¡¡Hola Paulita!! ¡Yo también me alegro de verte! Estas…estas preciosa hermanita. – se separa un poco de mi para verme bien. – Y tú debes ser Carlos ¿no? – extiende su mano para saludar a Carlos. –  - Soy Fernando, por fin nos conocemos. –
-          -  ¡Hola Fernando! Sí, soy Carlos. Encantado de conocerte a ti también. –

Dejamos entrar a mi hermano y mientras Carlos prepara la mesa para comer, Nando y yo hablamos un poco de nuestras cosas, nos ponemos al día y descubro que mi querido hermano, al que no le gustaban las rubias, siente algo por Lucia. No quiere reconocerlo, pero sé que esta visita no es solo para verme a mí, también quiere verla a ella. La verdad es, que me gusta la pareja que hacen.

El Destino de Paula 29









Capitulo 29

Vuelvo a estar instalada en casa de Carlos, después de cinco días en el hospital, tenía unas ganas enormes de salir de allí. A pesar de haber investigado un poco sobre mi trabajo y de haber hablado con Carlos sobre esto para intentar descubrir más cosas, han sido unos días muy aburridos.
Carlos me dijo que podíamos ir un día a casa de sus padres y me dejaba buscar por su despacho, por si encontraba algo, y como me han dado varios días más de reposo (por las contracciones, que ya no tengo) para no aburrirme, iremos una tarde, pero ya me advirtió Carlos, que debía estar relajadita, si no encontraba nada, que no me alterase.
Mi hermano me llamo uno de los días que estuve hospitalizada, preguntándome que por que no le había avisado y para decirme que venía el sábado de esta semana.

Me levanto y estoy sola en la cama, miro la hora y son las nueve de la mañana, Carlos hace ya tiempo que se ha ido a trabajar. Me levanto, me pongo una bata, ya que sigue haciendo frio y bajo a la cocina a desayunar algo.
-          - ¡Buenos días Paula! – me saluda la mujer que tiene Carlos para la limpieza.
-           - ¡Buenos días Ángeles! ¿Hay algo para desayunar? – no estoy muy acostumbrada a esto, pero podría ser mi madre, así que la tratare como tal.
-           - ¿Cómo se encuentra hoy? Claro que hay algo para desayunar, tostadas, se las hago en un momento, zumo de naranja exprimido hace un ratito, puedo calentarle un vaso de leche… -
-          -  Un par de tostadas con zumo está bien. Antes tomaba un café, pero ya no me dejan. Ya estoy bien Ángeles, no tengo ni molestias ni nada, lo único que ha cambiado es este tripón que tengo ya. –

Me faltan unos días para los 5 meses de embarazo y dentro de poco tendré otra eco. La tripa me ha crecido bastante, ya se nota claramente el embarazo.
Me tomo el desayuno que me prepara Ángeles y me voy al salón con mi portátil y los papeles que tengo de la investigación. No he podido adelantar mucho, porque al no estar en el laboratorio, no puedo seguir haciendo pruebas. Enciendo el ordenador y me avisa que tengo un e-mail. No sé por qué no me ha sonado en el móvil si tengo la aplicación. Lo abro y veo que es de Javier. Con todo el jaleo de mi hospitalización, se me olvido preguntarle qué tal estaba él.

“¡Hola Paula! Perdona que escriba después de lo que me ha parecido una eternidad. Espero que me perdones por haberte abordado en tu casa de esa manera, sé que estuvo mal y lo siento muchísimo. Quiero que sepas que estoy bien, ese amigo tuyo no me hizo gran cosa y estoy recuperado.
Como habrás comprobado ya no estoy en el laboratorio, no sé qué te habrán contado, pero me despidieron. Ayer me llamaron de la Organización Nacional de eventos de Madrid para ofrecerme un puesto como director adjunto del departamento de organizaciones nacionales e internacionales. Es un buen puesto y gano bastante más dinero que en el laboratorio y, además, uno de los eventos que se van a organizar dentro de poco es la pasarela Cibeles, y conoceré a todas las modelos. Aunque tú siempre serás mi preferida.
Espero que todo te vaya genial, que sea feliz con ese amigo y que ese bebe nazca sano y fuerte como su madre.
Cuando estés preparada, podemos quedar para tomar un café o refresco o un zumo.
Un beso enorme. JAVIER”

Parece ser que Carlos ha hecho su trabajo. Javier tiene un buen trabajo y parece que allí se olvidará de mí y conocerá más chicas.
Le contesto algo sencillo diciéndole que estoy bien, que el embarazo sigue adelante y que estoy muy emocionada con mi bebe. Que me alegro que todo le vaya tan bien y que por supuesto acepto el quedar algún día con él para tomar algo. Por supuesto no le digo nada del padre del bebe, aún no sabe que es Carlos y no quiero que lo sepa por ahora.








Pasa la semana más aburrida de mi vida, sin poder apenas salir, sin ir a trabajar, en la casa no hago nada, porque cuando voy a recoger algo viene Ángeles y me lo impide. Pero por fin es viernes, mañana viene mi hermano y podré salir un poco. He comido con Ángeles y le he dicho que se podía ir antes a su casa, ya que Carlos está a punto de llegar. Hoy por fin me va a llevar a la casa de sus padres, para buscar en el despacho.
-          -  ¡Ya estoy en casa! – dice Carlos nada más entrar. - ¿Estas preparada? – las cosas con Carlos van mucho mejor, después de hablar con él y darle las gracias por lo que ha hecho por Javi, estamos más unidos. Voy hacia él y le estampo un beso en los labios.
-          -  ¡Siiii! Estoy lista y tranquilo que no me alterare, aunque haya pasado mi tiempo de reposo. Espero encontrar algo y si no estoy deseando que llegue el lunes para volver al laboratorio. –
-          -  Pues déjame que me ponga lago más cómodo y nos vamos, así estaremos más tiempo allí y cenamos algo de comida china de un restaurante que hay cerca de casa de mis padres y que está todo muy rico. –
-           - ¡Mmm! Me parece una buena idea. –
Llegamos al piso donde habían vivido sus padres y Carlos abre la puerta, pero antes de dejarme entrar me vuelve a repetir que pase lo que pase, quiere que esté tranquila. Le prometo que lo estaré.
Al entrar, se nota que nadie ha vivido allí desde hace mucho tiempo. Hay mucho polvo en los muebles y bolsas grandes de basura en el salón.
-          -  ¿Qué son todas esas bolsas? – pregunto.
-           - Son objetos y marcos de fotos de mis padres, todo eso lo llevaremos a una subasta para venderlo. Las fotos las guarde yo.  – me dice Carlos y a pesar de mantenerse con semblante serio, sé que le duelen todavía los recuerdos. – Mientras tu buscas en el despacho, que está aquí – me abre una puerta – yo seguiré recogiendo algunas cosas para la subasta. –
-          -  Está bien.  – le digo y entro al despacho que es bastante grande y está lleno de armarios y estanterías con libros.
-           - Y recuerda que, si necesitas algo, aquí estoy y procura no alterarte. –
Me acerco hasta el sillón que hay detrás de la mesa y me siento. Empiezo mirando los cajones de la mesa, revisando cada uno de los papeles que hay, pero solo veo facturas pagadas de hace años, y cartas de bancos. El ultimo cajón esta vacío. Me acerco al armario más cercano a la mesa y está lleno de carpetas. Cojo una y pone “Experimento Sol”. Comienzo a pasar todas las hojas de apuntes y parece ser algo relacionado con la enfermedad que tenía la madre de Carlos, por lo menos algo me suena de lo que me conto. Dejo esa carpeta en la mesa y cojo otra y todo lo que contiene está relacionado.
Todas las carpetas son del mismo experimento, así que me apunto mentalmente para decirle a Carlos que nos las llevamos a su casa y las iré mirando allí más detenidamente.

Sigo inspeccionando por las estanterías y me gustan los libros que hay, algunos de estudios de laboratorio, otros de diferentes estilos literarios. También le comentare a Carlos de llevárnoslos, aunque no sé si entraran en su biblioteca.
Ensimismada estoy mirando en otro armario cuando alguien carraspea desde el marco de la puerta.
-           - Te veo muy entretenida ¿te encuentras bien? – me dice Carlos.
-           - Sí, estoy muy bien, de hecho, hay muchas cosas que me gustaría llevarme. Sobre todo, esas carpetas de la mesa, creo que tienen que ver con la enfermedad de tu madre. –
-          -  Está bien Paula, nos llevamos eso. ¿Algo más? – me mira con una sonrisa burlona.
-           - Eh…bueno si, hay más cosas… - dudo en decirle lo de los libros – me gustaría… ¿podríamos llevarnos todos esos libros de allí? – le señalo la estantería.
-           - ¿Quieres llevártelos hoy? No sé si hay suficiente espacio en el coche, y tampoco sé si tenemos suficiente tiempo, ya que está anocheciendo y ya sabes que no me puede ver nadie. Pronto saldrán mis marcas. –
-           - No, no, los libros no tienen que ser hoy, podemos venir otro día a por ellos, o ir llevándolos poco a poco. –
-           - ¿Tienes hambre? Puedo ir llamando al restaurante chino y pedir la comida ¿te parece? – me dice Carlos y de repente me entra un hambre voraz.
-          -  Sí, me acaba de dar hambre. Mientras llamas y la traen, voy a seguir mirando por aquí. – me acerco a él y le doy un pequeño beso en los labios.

Aproximadamente media hora después, suena el timbre. Serán los del restaurante. Vuelve a sonar el timbre y me acerco a la puerta, asomándome al salón y no encontrando a Carlos, pero si el dinero encima del mueble de la entrada. Les abro la puerta, cojo la comida y les doy el dinero.

Entro en la cocina y dejo las bolsas encima de la mesa. Llamo a Carlos, porque no sé dónde está. Escucho el sonido del agua de la ducha e investigo por la casa siguiendo el ruido. Entro en una habitación, la última del pasillo y estoy segura que esta era la habitación de sus padres. Me acerco a una puerta y el sonido del agua se hace más fuerte. Carlos debe estar dándose una ducha… ¡Las marcas! Claro, deben haber empezado a salirle. Toco la puerta y nada más apartar la mano de la madera noto como si me quemara la barriga, haciendo que me retuerza tirada en el suelo.

domingo, 13 de noviembre de 2016

El Destino de Paula 28












Capitulo 28

Lucia al verme, viene corriendo hacia mí.
-         -   ¿Estás bien Paula? ¿Llamo a Carlos? Dime algo nena, me estas asustando… -
-         -   ¡¡AY!! ¡¡AY!! Estoy-bien-Luci – le digo entre quejidos. Me agarro la tripa y noto que la tengo muy dura. Los pinchazos siguen, empiezan en mi barriga y bajan hasta la ingle. – Ni se te ocurra avisarle, se pondrá insoportable. Se me pasara en un momento, anoche también me dieron algunos y al final estuve bien. –
-        -    Paula cariño, deberías ir al médico, no creo que esto sea normal. –

Se me va pasando el dolor que me causan los pinchazos y me voy relajando poco a poco. He acabado sentada en el suelo del baño. Me levanto y me echo un poco de agua por la nuca y esta tan fría que me espabila de momento.
-          -  Ya estoy mejor Luci, vamos a trabajar. – le digo dirigiéndome a la puerta.
-          -  Está bien Paula. Volvamos a trabajar. –

Concentrada estoy con mi investigación cuando siento una sombra sobre mí.
-        
 -         -  Por favor, Paula, recoge tus cosas, nos vamos inmediatamente al hospital. – me dice Carlos. – Me da igual que me digas que estas bien, no pienso poner en peligro la vida de mi hijo, ni permitiré que la pongas tu tampoco. He hablado con Mario y nos espera en el hospital. –

Hago lo que me dice, me lo ha dicho con tanta autoridad y susurrando, que si no le hago caso no sé qué pensaran mis compañeros.
-          -  Y Lucia ¿Cómo se va? ¿Has pensado en ella? – le digo porque somos nosotros los que la llevamos a su casa.
-          -  Ella es la que me ha avisado, me ha contado lo tuyo y me ha dicho que ya ha hablado con Luis para que la lleve él. –
-         -   Está bien. Ya he recogido, vámonos. –

En el coche Carlos me pregunta el por qué no le he contado lo que me pasa, y le explico que no creo que sea nada, que estoy bien, pero sigue sin creerme. Le pregunto por Javier, si ha solucionado algo, y me contesta algo mosqueado que eso ahora no importa, que hablaremos de eso más tarde, pero que no había hecho nada. El resto del camino lo pasamos en silencio.
Cuando llegamos a la puerta de urgencias, el doctor Mario Fernández nos está esperando en la puerta. Carlos para el coche para que yo me baje y me vaya con él mientras aparca en el parking.
El doctor me lleva a una habitación donde hay una camilla y todo el arsenal médico que necesitan repartido entre un armario y un carrito.
Me hacen tumbarme en la camilla mientras se ponen los guantes Mario y la enfermera que ha venido con Carlos. El doctor me palpa la tripa, suavemente para no dañar al bebé.
-           - Todo parece estar correctamente chicos. – nos dice el médico. – Esa dureza que notas en la tripa Paula, se llaman contracciones de Braxton, y es cierto que suelen aparecer sobre el séptimo mes, pero hay mujeres a las que les aparecen antes. Tu cuerpo empieza a prepararse. Pero esos pinchazos que dices… Vamos a hacerte una prueba de orina, por si pudiera ser una infección. –

La enfermera me da un bote y me indica donde está el baño. Hago lo que me piden y les devuelvo el bote. Mientras analizan eso, me llevan a otra sala, donde hay varios sillones. Me hacen sentarme en uno de ellos, me colocan dos cintas elásticas en la tripa con dos transductores que monitorizaran los latidos fetales. Lo enchufan todo a una máquina y de pronto se escucha el ruido del corazón de mi bebé. Nos dejan solos a Carlos y a mí un buen rato.
-           - ¿Te quedas más tranquilo ahora Carlos? El medico ya ha dicho que todo está bien. –
-        -    Estoy más tranquilo, sí, pero aun no nos han dado el resultado de la orina.  –
-         -   Vale, si tengo infección me darán la medicación y no pasara nada. ¡AY! –
-         -   ¿Estás bien Paula?  -
-         -   Si, solo ha sido un dolorcillo. –
Entran la enfermera y el doctor Mario. La enfermera coge el papel que está saliendo de la máquina y avisa al docto.
-         -   Bueno Paula, tienes un poco de infección de orina y por lo que veo te están provocando unas contracciones que no son nada buenas. Te vamos a dejar aquí ingresada unos días, para frenar esas contracciones y quitarte esa infección. Enfermera, por favor, póngale una vía y adminístrele 100 mg Nitrofurantoína y solución salina. –
-        -    Mario, puedo hablar contigo un segundo. – le dice Carlos al médico.

La enfermera prepara todo lo que le dice el doctor y comienza.
-          -  Te vamos a dar también una pastilla, tienes que tenerla debajo de la lengua hasta que se deshaga. Es para parar las contracciones. – me dice la enfermera. – Te llevaremos a una habitación dentro de un ratito. –
Cuando termina, se va y me deja sola. Cojo mi móvil y le escribo a Lucia, no quiero preocuparla más de lo que lo estará. Me responde al momento, diciéndome que me recupere.
Pasados unos minutos entra Carlos con no muy buena cara.
-         -   ¿Ocurre algo? No tienes buena cara… ¿Qué querías hablar con el medico? ¿Qué te ha dicho? – le pregunto, o más bien le interrogo.
-         -   Nada…nada grave por ahora. Dice que en breve traerán el ecógrafo para ver que todo esté bien y que después te llevaran a una habitación, estarás el resto de esta semana ingresada. – me dice con el rostro ensombrecido. – Le he pedido que me haga el favor de ponerte en una habitación sola y a poder ser algo apartada, así podre estar contigo por las noches sin que nadie note nada raro. No pienso dejarte sola. –
-          -  ¡Humm! Gracias Carlos. Oye…siento no haberte dicho nada del dolor…la próxima vez iré al médico inmediatamente, aunque espero que no haya una segunda vez. –

Nos quedamos en silencio por un tiempo hasta que tocan a la puerta.
-         -   Chicos ¿se puede? Traigo el ecógrafo para ver a ese niño. – nos dice el medico abriendo la puerta y entrando con el aparato.
Me quita las correas y comienza a prepararlo todo. Vuelve a echarme el gel frio y pone el aparatito encima.
-          -  Por ahora todo se ve perfectamente, eso sí, este niño se mueve mucho, así que, dentro de poco Paula, empezaras a notarlo con unas cosquillas al principio. – me dice el médico.
-         -   Pues la verdad, doctor Fernández es que al principio notaba eso, y después los pinchazos, así que… ¿las cosquillas era mi bebe moviéndose? –

Sigue mirando un poco más y nos dice que todo está muy bien. La barriga ha crecido bastante desde la primera ecografía y ya no me puedo poner mis pantalones de antes. Ahora uso la ropa premamá que me compre con Lucia.
Mario termina con la ecografía y nos dice que ahora mismo vendrán para llevarme a la habitación y antes de irse le guiña un ojo a Carlos. Supongo que ha conseguido lo que le ha pedido. Y antes de darnos cuenta, viene un celador con una camilla, me subo en ella y me lleva a la tercera planta a la habitación 310, la última del pasillo, al lado de la salida de incendios.
Una vez nos quedamos solos de nuevo Carlos y yo, le pido si puede ir a la casa a por algunas cosas mías, como los productos de aseo, ropa limpia y mi pijama. Le hago una lista con todo lo que quiero, mi portátil (para seguir con algo de investigación desde aquí) y algún libro para leer cuando no haya nada interesante en la televisión.
Acepta, pues sabe que si voy a estar aquí unos 4 o 5 días necesitare todas esas cosas.
-          -  No quiero dejarte sola, así que… -
-        -    No me va a pasar nada Carlos – lo interrumpo – estoy en un hospital, hay médicos y enfermeras aquí, no me pasara nada. Además, no tardaras mucho ¿verdad? –
-          -  Si…tienes razón Paula. Pues me voy para tardar lo menos posible. -  se me acerca y me deja un suave beso en los labios.


Al día siguiente me despierta una enfermera que viene a ponerme el antibiótico a las 7 de la mañana. Me fijo en la otra cama y Carlos ya no está. Ayer cuando vino, solo puede darme un ligero baño en el lavabo, ya que al tener la vía puesta no podía ducharme. Carlos me trajo todo lo que le pedí, incluso trajo una bolsa con sus cosas que dejo en un pequeño armario que hay en la habitación.
Reviso mi móvil y tengo un mensaje de Carlos.

“¡Buenos días preciosa! Espero que hayas pasado buena noche. Me he ido a trabajar temprano para poder salir antes y estar más tiempo contigo. Nos vemos después de comer. Te quiero mucho Paula.”

Ainss que bueno es Carlos. Le contesto que si he dormido bien y que aquí estaré con un emoticono de carita sonriente. Una celadora me pregunta que quiero desayunar, de una pequeña lista, pues en el hospital no tienen gran cosa. Le pido un zumo de naranja con unas magdalenas.
Después del desayuno, cojo mi portátil y decido repasar meticulosamente todos los informes que tengo sobre la investigación que estoy llevando a cabo, quiero encontrar eso que se me está escapando.

La mañana se me pasa muy rápido, pues sin darme cuenta entra otra celadora llevando una bandeja con la comida. Como suele pasar en los hospitales, la comida no es la mejor. Me lo como todo con la televisión puesta, están las noticias puestas, aunque no les presto casi atención.
Cuando termino de comer, dejo la bandeja en una mesa auxiliar que hay al lado de la puerta y me acuesto un rato a descansar. Hacia tanto tiempo que no me echaba una siesta.

Noto un cosquilleo por la cara y muevo mi mano para apartar lo que sea que me está molestando. Siento que me dan un beso en los labios y abro poco a poco los ojos. Cuando por fin enfoco, veo que es Carlos. Me incorporo en la cama.
-          -  ¡Hola! Has venido pronto ¿Qué hora es? –
-         -   Son las cuatro de la tarde Paula. He llegado hace un rato, pero estabas tan bonita dormida que no he querido molestarte. ¿Qué tal estas? –
-        -    ¡Las cuatro ya! ¡Madre mía! Nunca había dormido tanto en una siesta. – me sorprendo de la hora que es, pues sí que necesitaba descansar. – Estoy bien, la comida de aquí no es lo mejor que he probado, pero hoy no he tenido ningún pinchazo. –

Le pregunto qué tal le ha ido el día, o más bien la mañana y me cuenta que en la sección donde esta Luis han conseguido crear, junto a otro laboratorio, una vacuna para una enfermedad poco conocida y que afecta sobre todo a los niños y niñas de tres años, la meningitis Bexsero.


Una y media más tarde, después que Carlos me trajera unos cruasanes para merendar, con permiso del médico, tocan a la puerta.
-         -   ¿Se puede? ¿Estas visible Paula? –
-         -   Si, si, pasa Lucia. – reconozco su voz y al entrar veo que son Lucia y Luis. - ¡Hola chicos! ¡Que sorpresa! –
-        -    ¿Qué tal estas, preciosa? Cuando me lo ha dicho Luci, no he dudado ni un segundo en venir a verte. –
Pasamos un buen rato agradable hablando los tres, Carlos se va dejándonos espacio. Él sabe que son mis amigos, aunque podrían ser suyos también si quisiera, prefiere dejarme ese tiempo con ellos. Al volver, me trae la cena, supongo que habrá llamado de nuevo a Mario para preguntarle.

La semana pasa más o menos igual que el primer día, Carlos llevo mis papeles de la baja al laboratorio y supongo que le habrá contado a quien le entrego los papeles algo de lo nuestro, cada día me importa menos que lo sepan, parecemos una pareja…vivimos juntos, vamos a tener un bebe…él tiene razón, tarde o temprano se enterara todo el mundo.

También llame a mi madre, no quería preocuparla, pero sé que, si no se lo digo, es peor. Se preocupó, mucho, hasta el punto de querer venir a Madrid para estar conmigo, pero Carlos le dijo que estaba en buenas manos. Creo que mi madre siempre confió en él.