domingo, 13 de noviembre de 2016

El Destino de Paula 28












Capitulo 28

Lucia al verme, viene corriendo hacia mí.
-         -   ¿Estás bien Paula? ¿Llamo a Carlos? Dime algo nena, me estas asustando… -
-         -   ¡¡AY!! ¡¡AY!! Estoy-bien-Luci – le digo entre quejidos. Me agarro la tripa y noto que la tengo muy dura. Los pinchazos siguen, empiezan en mi barriga y bajan hasta la ingle. – Ni se te ocurra avisarle, se pondrá insoportable. Se me pasara en un momento, anoche también me dieron algunos y al final estuve bien. –
-        -    Paula cariño, deberías ir al médico, no creo que esto sea normal. –

Se me va pasando el dolor que me causan los pinchazos y me voy relajando poco a poco. He acabado sentada en el suelo del baño. Me levanto y me echo un poco de agua por la nuca y esta tan fría que me espabila de momento.
-          -  Ya estoy mejor Luci, vamos a trabajar. – le digo dirigiéndome a la puerta.
-          -  Está bien Paula. Volvamos a trabajar. –

Concentrada estoy con mi investigación cuando siento una sombra sobre mí.
-        
 -         -  Por favor, Paula, recoge tus cosas, nos vamos inmediatamente al hospital. – me dice Carlos. – Me da igual que me digas que estas bien, no pienso poner en peligro la vida de mi hijo, ni permitiré que la pongas tu tampoco. He hablado con Mario y nos espera en el hospital. –

Hago lo que me dice, me lo ha dicho con tanta autoridad y susurrando, que si no le hago caso no sé qué pensaran mis compañeros.
-          -  Y Lucia ¿Cómo se va? ¿Has pensado en ella? – le digo porque somos nosotros los que la llevamos a su casa.
-          -  Ella es la que me ha avisado, me ha contado lo tuyo y me ha dicho que ya ha hablado con Luis para que la lleve él. –
-         -   Está bien. Ya he recogido, vámonos. –

En el coche Carlos me pregunta el por qué no le he contado lo que me pasa, y le explico que no creo que sea nada, que estoy bien, pero sigue sin creerme. Le pregunto por Javier, si ha solucionado algo, y me contesta algo mosqueado que eso ahora no importa, que hablaremos de eso más tarde, pero que no había hecho nada. El resto del camino lo pasamos en silencio.
Cuando llegamos a la puerta de urgencias, el doctor Mario Fernández nos está esperando en la puerta. Carlos para el coche para que yo me baje y me vaya con él mientras aparca en el parking.
El doctor me lleva a una habitación donde hay una camilla y todo el arsenal médico que necesitan repartido entre un armario y un carrito.
Me hacen tumbarme en la camilla mientras se ponen los guantes Mario y la enfermera que ha venido con Carlos. El doctor me palpa la tripa, suavemente para no dañar al bebé.
-           - Todo parece estar correctamente chicos. – nos dice el médico. – Esa dureza que notas en la tripa Paula, se llaman contracciones de Braxton, y es cierto que suelen aparecer sobre el séptimo mes, pero hay mujeres a las que les aparecen antes. Tu cuerpo empieza a prepararse. Pero esos pinchazos que dices… Vamos a hacerte una prueba de orina, por si pudiera ser una infección. –

La enfermera me da un bote y me indica donde está el baño. Hago lo que me piden y les devuelvo el bote. Mientras analizan eso, me llevan a otra sala, donde hay varios sillones. Me hacen sentarme en uno de ellos, me colocan dos cintas elásticas en la tripa con dos transductores que monitorizaran los latidos fetales. Lo enchufan todo a una máquina y de pronto se escucha el ruido del corazón de mi bebé. Nos dejan solos a Carlos y a mí un buen rato.
-           - ¿Te quedas más tranquilo ahora Carlos? El medico ya ha dicho que todo está bien. –
-        -    Estoy más tranquilo, sí, pero aun no nos han dado el resultado de la orina.  –
-         -   Vale, si tengo infección me darán la medicación y no pasara nada. ¡AY! –
-         -   ¿Estás bien Paula?  -
-         -   Si, solo ha sido un dolorcillo. –
Entran la enfermera y el doctor Mario. La enfermera coge el papel que está saliendo de la máquina y avisa al docto.
-         -   Bueno Paula, tienes un poco de infección de orina y por lo que veo te están provocando unas contracciones que no son nada buenas. Te vamos a dejar aquí ingresada unos días, para frenar esas contracciones y quitarte esa infección. Enfermera, por favor, póngale una vía y adminístrele 100 mg Nitrofurantoína y solución salina. –
-        -    Mario, puedo hablar contigo un segundo. – le dice Carlos al médico.

La enfermera prepara todo lo que le dice el doctor y comienza.
-          -  Te vamos a dar también una pastilla, tienes que tenerla debajo de la lengua hasta que se deshaga. Es para parar las contracciones. – me dice la enfermera. – Te llevaremos a una habitación dentro de un ratito. –
Cuando termina, se va y me deja sola. Cojo mi móvil y le escribo a Lucia, no quiero preocuparla más de lo que lo estará. Me responde al momento, diciéndome que me recupere.
Pasados unos minutos entra Carlos con no muy buena cara.
-         -   ¿Ocurre algo? No tienes buena cara… ¿Qué querías hablar con el medico? ¿Qué te ha dicho? – le pregunto, o más bien le interrogo.
-         -   Nada…nada grave por ahora. Dice que en breve traerán el ecógrafo para ver que todo esté bien y que después te llevaran a una habitación, estarás el resto de esta semana ingresada. – me dice con el rostro ensombrecido. – Le he pedido que me haga el favor de ponerte en una habitación sola y a poder ser algo apartada, así podre estar contigo por las noches sin que nadie note nada raro. No pienso dejarte sola. –
-          -  ¡Humm! Gracias Carlos. Oye…siento no haberte dicho nada del dolor…la próxima vez iré al médico inmediatamente, aunque espero que no haya una segunda vez. –

Nos quedamos en silencio por un tiempo hasta que tocan a la puerta.
-         -   Chicos ¿se puede? Traigo el ecógrafo para ver a ese niño. – nos dice el medico abriendo la puerta y entrando con el aparato.
Me quita las correas y comienza a prepararlo todo. Vuelve a echarme el gel frio y pone el aparatito encima.
-          -  Por ahora todo se ve perfectamente, eso sí, este niño se mueve mucho, así que, dentro de poco Paula, empezaras a notarlo con unas cosquillas al principio. – me dice el médico.
-         -   Pues la verdad, doctor Fernández es que al principio notaba eso, y después los pinchazos, así que… ¿las cosquillas era mi bebe moviéndose? –

Sigue mirando un poco más y nos dice que todo está muy bien. La barriga ha crecido bastante desde la primera ecografía y ya no me puedo poner mis pantalones de antes. Ahora uso la ropa premamá que me compre con Lucia.
Mario termina con la ecografía y nos dice que ahora mismo vendrán para llevarme a la habitación y antes de irse le guiña un ojo a Carlos. Supongo que ha conseguido lo que le ha pedido. Y antes de darnos cuenta, viene un celador con una camilla, me subo en ella y me lleva a la tercera planta a la habitación 310, la última del pasillo, al lado de la salida de incendios.
Una vez nos quedamos solos de nuevo Carlos y yo, le pido si puede ir a la casa a por algunas cosas mías, como los productos de aseo, ropa limpia y mi pijama. Le hago una lista con todo lo que quiero, mi portátil (para seguir con algo de investigación desde aquí) y algún libro para leer cuando no haya nada interesante en la televisión.
Acepta, pues sabe que si voy a estar aquí unos 4 o 5 días necesitare todas esas cosas.
-          -  No quiero dejarte sola, así que… -
-        -    No me va a pasar nada Carlos – lo interrumpo – estoy en un hospital, hay médicos y enfermeras aquí, no me pasara nada. Además, no tardaras mucho ¿verdad? –
-          -  Si…tienes razón Paula. Pues me voy para tardar lo menos posible. -  se me acerca y me deja un suave beso en los labios.


Al día siguiente me despierta una enfermera que viene a ponerme el antibiótico a las 7 de la mañana. Me fijo en la otra cama y Carlos ya no está. Ayer cuando vino, solo puede darme un ligero baño en el lavabo, ya que al tener la vía puesta no podía ducharme. Carlos me trajo todo lo que le pedí, incluso trajo una bolsa con sus cosas que dejo en un pequeño armario que hay en la habitación.
Reviso mi móvil y tengo un mensaje de Carlos.

“¡Buenos días preciosa! Espero que hayas pasado buena noche. Me he ido a trabajar temprano para poder salir antes y estar más tiempo contigo. Nos vemos después de comer. Te quiero mucho Paula.”

Ainss que bueno es Carlos. Le contesto que si he dormido bien y que aquí estaré con un emoticono de carita sonriente. Una celadora me pregunta que quiero desayunar, de una pequeña lista, pues en el hospital no tienen gran cosa. Le pido un zumo de naranja con unas magdalenas.
Después del desayuno, cojo mi portátil y decido repasar meticulosamente todos los informes que tengo sobre la investigación que estoy llevando a cabo, quiero encontrar eso que se me está escapando.

La mañana se me pasa muy rápido, pues sin darme cuenta entra otra celadora llevando una bandeja con la comida. Como suele pasar en los hospitales, la comida no es la mejor. Me lo como todo con la televisión puesta, están las noticias puestas, aunque no les presto casi atención.
Cuando termino de comer, dejo la bandeja en una mesa auxiliar que hay al lado de la puerta y me acuesto un rato a descansar. Hacia tanto tiempo que no me echaba una siesta.

Noto un cosquilleo por la cara y muevo mi mano para apartar lo que sea que me está molestando. Siento que me dan un beso en los labios y abro poco a poco los ojos. Cuando por fin enfoco, veo que es Carlos. Me incorporo en la cama.
-          -  ¡Hola! Has venido pronto ¿Qué hora es? –
-         -   Son las cuatro de la tarde Paula. He llegado hace un rato, pero estabas tan bonita dormida que no he querido molestarte. ¿Qué tal estas? –
-        -    ¡Las cuatro ya! ¡Madre mía! Nunca había dormido tanto en una siesta. – me sorprendo de la hora que es, pues sí que necesitaba descansar. – Estoy bien, la comida de aquí no es lo mejor que he probado, pero hoy no he tenido ningún pinchazo. –

Le pregunto qué tal le ha ido el día, o más bien la mañana y me cuenta que en la sección donde esta Luis han conseguido crear, junto a otro laboratorio, una vacuna para una enfermedad poco conocida y que afecta sobre todo a los niños y niñas de tres años, la meningitis Bexsero.


Una y media más tarde, después que Carlos me trajera unos cruasanes para merendar, con permiso del médico, tocan a la puerta.
-         -   ¿Se puede? ¿Estas visible Paula? –
-         -   Si, si, pasa Lucia. – reconozco su voz y al entrar veo que son Lucia y Luis. - ¡Hola chicos! ¡Que sorpresa! –
-        -    ¿Qué tal estas, preciosa? Cuando me lo ha dicho Luci, no he dudado ni un segundo en venir a verte. –
Pasamos un buen rato agradable hablando los tres, Carlos se va dejándonos espacio. Él sabe que son mis amigos, aunque podrían ser suyos también si quisiera, prefiere dejarme ese tiempo con ellos. Al volver, me trae la cena, supongo que habrá llamado de nuevo a Mario para preguntarle.

La semana pasa más o menos igual que el primer día, Carlos llevo mis papeles de la baja al laboratorio y supongo que le habrá contado a quien le entrego los papeles algo de lo nuestro, cada día me importa menos que lo sepan, parecemos una pareja…vivimos juntos, vamos a tener un bebe…él tiene razón, tarde o temprano se enterara todo el mundo.

También llame a mi madre, no quería preocuparla, pero sé que, si no se lo digo, es peor. Se preocupó, mucho, hasta el punto de querer venir a Madrid para estar conmigo, pero Carlos le dijo que estaba en buenas manos. Creo que mi madre siempre confió en él.

sábado, 5 de noviembre de 2016

El Destino de Paula 27




Capitulo 27 .


CARLOS:

Dejo a Paula que suba a su habitación, cuando se tranquilice, hablaremos de nuevo e intentare hacerla entrar en razón. Aunque, por otro lado, ella tiene razón en una cosa, no sé nada de Javier y podría haberlo cambiado de sección…pero no quiero que este en la empresa, ahí seguirá viendo a Paula, y así nunca se olvidara de ella.
Me voy a mi habitación y me meto en la ducha, las marcas empiezan a salir. Esta vez sí me molestan, pero desde que esta Paula conmigo duelen menos. Al salir, me estoy poniendo unos pantalones cómodos cuando me suena el móvil.
-        -   ¿Si? – digo sin mirar la pantalla.
-          - ¡¡Holaaaaaa Carlitos!! – tengo que apartarme el teléfono de la oreja del grito que me pega. - Sabes quién soy ¿verdad? No te habrás olvidado de mi ¿no? –
-         -  ¡Hola Sofi! ¿Tu…llamando por teléfono? ¿Te ha pasado algo? No sueles llamar a no ser que necesites algo. –
-           - Vaya, vaya, hermanito, parece que eres un poco rencoroso. Vale que no te llamo casi nunca, pero tú tampoco me llamas a mí, así que somos igual de culpables. –
-           - Ahí tienes razón Sofía, yo tampoco te llamo. ¿Y qué noticias tienes? ¿Te casas ya por fin? –
-           - No hermanito, James y yo lo dejamos hace ya más de 6 meses. Me engañó Carlos, me estaba poniendo los cuernos con su socia. Nunca me gusto esa mujer, se la veía muy lagarta y se lo dije a James en más de una ocasión, pero él me aseguraba que no pasaba nada entre los dos. Lo pase mal al principio, pero Luigi me dio más trabajo en el taller. Voy a sacar mi propia línea de ropa Carlos ¡MI PROPIA LINEA DE ROPA! Y te he llamado porque dentro de dos semanas voy a Madrid a la pasarela Cibeles a presentar mis modelos de la mano de Luigi. Estoy muy emocionada Carlos, en serio. Bueno… ¿Y tú que te cuentas? –
-          -  Pues…voy a ser padre. –
-        -    ¡¡¿QUEEEEEEE?!! ¿Vas a ser padre y no me has llamado para decírmelo? – me interrumpe mi hermana.
-         -   Déjame que te explique Sofi, ha sido toda una sorpresa, Paula y yo… -
-         -   ¿Paula? ¿La vecina que teníamos en Almería? – me interrumpe otra vez, así no hay quien le cuente nada.
-         -   Sofi, Sofi, para, déjame hablar ¿ok? Si, esa Paula. Nos encontramos el día de su cumple aquí en Madrid y…ya sabes lo que hicimos. Hace un mes o menos supo que estaba embarazada y me lo dijo. Ella no quiere ninguna relación ahora mismo, y no quiere que sepa de su embarazo porque yo soy su jefe… -
-         -   ¡¡Además eres su jefe!! ¿Pero se puede saber cuándo pensabas contarme todo esto? – otra interrupción por su parte.
-        -    Si Sofía, ella trabaja desde hace dos o tres años en el laboratorio que era de papá y mamá. Yo no lo supe hasta que no empecé a trabajar allí. El embarazo no entraba en sus planes, ni en los míos, pero si le miro el lado bueno, esto me acerca más a ella… -
-        -    Estás enamorado ¿verdad hermanito? Yo siempre vi algo entre vosotros hasta que nos fuimos. Y ahora en que plan estáis, porque digo yo que el embarazo une y que ella no querrá estar sola con el bebé. Por cierto ¿sabéis si es niño o niña? –
-        -    Es niño, nos lo dijeron hace poco. Y ahora…pues ella vive en mi casa, a veces nos enrollamos, pero no tenemos nada serio, ya te he dicho que ella no quiere, pero yo la esperare lo que haga falta.
-         -   ¡Que emoción Carlos! Dentro de dos semanas estaré allí ¿crees que le molestara a Paula mi presencia? –
-        -    No te preocupes Sofi, te puedes quedar en mi casa, no creo que le moleste a Paula, siempre le caíste bien. Ya verás que bien nos lo pasamos. Avísame el día exacto que vengas, para avisar en el laboratorio e ir a recogerte al aeropuerto. –

Seguimos hablando un poco más sobre trivialidades, nos despedimos y cuelgo el teléfono. Miro la hora y ¡madre mía! Hemos estado hablando una hora y media. Seguro que Paula estará más calmada, o eso espero. Me dirijo al salón, pero allí no está y en la cocina tampoco, aunque veo vajilla en el escurre platos, seguro que ha cenado ya. Entro en mi despacho para mirar los e-mails que tengo por si alguno es importante y debo responderlo.

Después de un rato contestando algún que otro e-mail, mirando las redes sociales y leyendo cosas sobre el embarazo, decido que es hora de ir a dormir, creo que mañana será otro día para hablar con Paula con calma. Al subir a mi habitación, miro hacia la de Paula y la puerta está cerrada. Me acerco hasta ella para pegar la oreja y escuchar, pero no se oye nada, ella debe estar durmiendo.


PAULA:

A la mañana siguiente me despierto antes de que suene el despertador, no he dormido muy bien y me pesa mucho el cuerpo. Entro en el baño y las ojeras que tengo no sé cómo las voy a tapar. Me arreglo y me pongo corrector y maquillaje, pero aun así se notan mucho.
Bajo a la cocina y no hay ni rastro de Carlos. Voy mirando por los armarios para preparar el desayuno y empiezo a sacar magdalenas, galletas, leche, etc. Encuentro también las capsulas de café y cojo una taza para para prepararme uno.
-          -  Que bien huele a café expreso, pero creo tú, preciosa, no deberías tomar café en tu estado. – dice  - Carlos entrando en la cocina y quitándome la taza de café. – Para la señorita mejor un zumo de naranja o un vaso de leche con miel. –
-         -   Necesito un café Carlos, no he dormido bien y parezco un oso panda con estas ojeras. – le digo, y consigo que me mire la cara.
-         -   Pues la verdad es que, si tienes mala cara hoy Paula, si no estás bien, no tienes por qué ir a trabajar, llamo ahora mismo al laboratorio. –
-         -   No, no…no. Quiero ir a trabajar, así me distraigo. Solo he tenido el estómago revuelto un poco. Además, tengo que avisar de mi embarazo hoy. –

Cojo unas cuantas naranjas y me hago un zumo que me tomo con unas magdalenas.
Salimos de la casa y nos vamos al laboratorio. Una vez allí, desde mi mesa de trabajo, llamo a “personal” y le digo a la chica que me atiende, que estoy embarazada. Me pide ir allí y me hacen unas cuantas preguntas que respondo sin problemas. Me avisan que sobre las 28 semanas me darán de baja por embarazo, ya que mi trabajo a esas alturas será un tanto peligroso, que después tendré mis meses de maternidad y me explican que cuando todo termine tengo dos opciones, incorporarme o pedirme una excedencia de maternidad hasta que el bebé tenga un año, hasta esa fecha me guardan mi puesto. Les doy las gracias por la información, me dan la enhorabuena y vuelvo a mi puesto de trabajo.
Me suena un mensaje en el móvil. Lo miro sin llegar a leerlo, de Carlos, seguro que quiere que comamos juntos. Luego lo leeré. A los pocos minutos me vuelve a sonar el teléfono, esta vez una llamada. Es Carlos también, pero le cuelgo, porque en el laboratorio solo cojo llamadas cuando son importantes.
Cuando guardo el teléfono sin sonido en el bolsillo empieza a vibrar, lo miro y Carlos de nuevo, y otra vez le cuelgo. Lo guardo y de repente suena el teléfono de la oficina de Javier. Es un teléfono de marcación interna y todos saben que ya no trabaja. Por si es importante me acerco y descuelgo.

-         -  ¿Si? – digo al descolgar.
-        -    Por fin me coges una llamada Paula. –
-         -   ¿Qué quieres Carlos? Estoy trabajando. –
-         -   Ya me han informado sobre lo de tu embarazo, no he dicho nada, pero sabes que tarde o temprano se acabaran enterando cuando me coja los días de paternidad. –
-         -   Lo sé, lo se Carlos, pero por ahora prefiero que nadie sepa nada. ¿Quieres algo en especial o me llamabas solo para eso? –
-        -    Solo era para eso y para decirte que pienso comer contigo hoy. –
-        -    ¿No podías decirme todo eso en la hora de la comida? ¡AY! Voy a sentarme un momento… -
-         -   ¿Estás bien Paula? –
-         -   Sí, sí, estoy bien, solo se me pone la barriga un poco dura y tengo algunas molestias, nada más. Me pasa desde anoche, creo que me están afectando todas las cosas que me están pasando últimamente. –
Carlos me vuelve a preguntar de nuevo si estoy bien y se lo digo y recalco una vez más. Me despido de él y le digo que tengo que trabajar.

Una vez en mi mesa sigo con la investigación de las células nuevas en la sangre de Carlos que me mandaron. Hay reacción entre los glóbulos rojos y las células nuevas y durante un buen tiempo están reaccionando las nuevas. Pero al cabo de un rato, al mirar por el microscopio, veo que las células nuevas no están, y siguen las defectuosas que ya tenía él antes. Si supiera por lo menos que fue lo que se inyecto la madre de Carlos, los componentes que llevaba y en qué cantidad, podría acercarme a la solución. Pero nadie supo jamás que fue lo que se inyecto, a excepción de su padre y su antiguo jefe, ambos ya fallecidos.
Sigo haciendo injertos y probando diferentes fórmulas químicas con las células nuevas, analizando al milímetro la sangre de Carlos pro si me pudiera dar alguna pista de algo, pero siempre acabo frustrada de no encontrar nada. Sé que algo estoy pasando por alto, pero no sé qué es…

Lucia me avisa que es hora de comer y lo dejo todo como esta. Cojo mis cosas y nos vamos.
En el restaurante Luis no aparece y le mando un mensaje al móvil que me responde al momento, diciendo que su sección sale una hora más tarde a comer. Últimamente no nos vemos apenas. Luci y yo cogemos nuestra comida y nos vamos a nuestra mesa, en la que ya está esperándonos Carlos.
Lo saludamos y nos sentamos. Comenzamos a comer en un silencio un poco incómodo hasta que Lucia habla.
-          -  A ver, no me gusta comer así, con este silencio, mi hora de comida era de cotilleos y con vosotros así no puedo cotillear nada. Ya podéis arreglar lo que sea que tengáis entre manos porque esta situación es horrible. –
-         -   Lo siento Luci, no debería permitir que se nos acoplase gente a la que nadie ha invitado a sentarse, no volverá a pasar. –
-         -   A mí no me molesta la presencia de Carlos, Paulita, lo que me molesta es que estéis así por un tío que ni te va ni te viene Paula, Javier no es mal chico, pero tal vez sea mejor así, se olvidara de ti de esta manera. Lo que no entiendo es que se haya ido sin despedirse de nosotras ni nada. Por cierto, dentro de poco viene tu hermano ¿no? ¿Cuándo pensabas decírmelo? Menos mal que hablo con él casi todos los días y me lo ha dicho. Tengo unas ganas que venga… -
-         -   Javier no se fue, lo despidieron. Mi hermano, se me olvido comentártelo Luci, perdóname. Si, viene dentro de poco, se quedará en mi casa. Organizaremos alguna cena todos juntos, quiere conocerte Carlos. –
-         -   Está bien. Hablando de hermanos, en un par de semanas viene Sofía… - dice Carlos.
-         -   ¿Sofía? ¿Quién es Sofía? – le interrumpe Lucia. – Yo también quiero ir a esa cena Paula. –
-         -   ¿Tu hermana viene también? – le digo sorprendida, hace muchísimo tiempo que no la veo, la última vez era muy pequeña.
-         -   ¿Sofía es tu hermana? – le pregunta Lucia a Carlos.
-         -   Si, ella es mi hermana pequeña, bueno no tan pequeña, tiene 22 años, y viene a la pasarela Cibeles, a presentar su línea de ropa. Espero que no te importe Paula, se quedara en mi casa, ya sabes que a casa de mis padres no quiere ir. –
-          -  No me molesta, no pasa nada. Nos vamos a juntar al final tanta gente que va a parecer una fiesta… -
-         -   ¿Tu hermana es diseñadora de ropa? ¡¡Guau!! Te dará invitaciones del evento ¿no? Siempre quise asistir a una pasarela y ver la ropa de las nuevas temporadas. – me interrumpe Lucia, emocionada. Siempre le gustó mucho la moda, pero no se le daba bien dibujar, pero si se le da bien lo de ser un “personal shoper”.
-          -  Supongo que si Lucia, sinceramente, no hablamos sobre eso, pero supongo que podrás ir.

Seguimos conversando sobre los hermanos, sobre lo que haremos cuando vengan y varias cosas más hasta que se nos acaba la hora de comer. Cuando el ascensor se para en nuestra planta, Lucia sale de él y Carlos me agarra un segundo del brazo para girarme y darme y beso en los labios que acepto gustosa.
Antes de entrar en nuestra sección le digo a Lucia que necesito ir al baño, que llevo todo el día con el estómago raro y poniéndoseme bastante durillo, cosa que no debería pasar hasta el séptimo mes de embarazo. Ella me acompaña, no quiere que me pase nada malo.

Nada mas entrar en el baño, tengo que agarrarme al lavabo, porque me da un repentino pinchazo en el vientre que me hace retorcerme de dolor.


miércoles, 26 de octubre de 2016

El Destino de Paula 26







Capitulo 26:

Me giro al escuchar la puerta abrirse y entra Carlos junto a un hombre mayor. Los saludo cordialmente levantándome del sillón donde estaba sentada y ellos me contestan al saludo. El hombre mayor se sienta en el sillón que preside el escritorio y Carlos se queda al lado suyo. Supongo que ese hombre será uno de los socios más antiguo de la empresa y el que tiene más experiencia en todo. El hombre me hace un gesto para que me siente enfrente de él y lo hago.
-        -   ¡Buenos días señorita García! La hemos hecho venir hasta aquí, porque hemos tenido una baja en este laboratorio y queríamos ofrecerle el puesto a usted. Es un cargo más alto que el que ahora mismo tiene con más obligaciones y por supuesto una subida interesante de sueldo. El horario seria el mismo, a excepción de los viernes, que saldría a las cinco de la tarde en lugar de las tres horas, como está saliendo hasta ahora. ¿Qué me dice? – me dice el hombre mayor.
-       -    Pues…se lo agradezco mucho, pero… ¿Qué cargo sería? –
-        -   El de encargada de sección, de la suya más concretamente. – me contesta el hombre.
-       -    ¿De mi sección? ¿Y Javier? Pero si él… ¿Qué ha pasado? ­– hoy no he visto a Javi, pero no creo que haya dimitido…
-       -    Señorita García, que nos dice ¿Acepta el puesto? – apremia el socio.
-       -    No, gracias, pero no puedo aceptar ese puesto, no sé lo que ha pasado con Javier, pero sea lo que sea no quiero su puesto. – le echo una mirada a Carlos que, si las miradas matasen, él ya estaría criando malvas.
El socio no se ha dado cuenta pues no hace ningún comentario al respecto. Me levanto de la silla dispuesta a largarme de allí, pero el socio me dice que yo era la indicada para ese puesto, por mis trabajos en investigación, que es una pena que no acepte. Les vuelvo a agradecer que me propongan a mí para ese puesto pero que debería darle otra oportunidad a Javier, que él era muy bueno en su trabajo y que no deberían dejar escapar a ese gran chico. Me despido de ellos y ellos de mí y salgo del despacho para volver a mi puesto de trabajo. Al rato de estar liada con las muestras de sangre, me suena un mensaje en el móvil. Lo miro por si es algo importante, pero no, es de “ojitos verdes”, debería cambiar el nombre del contacto ahora que se quién es, pero me hace gracia seguir viendo ese nombre. Decido dejar el móvil para mirarlo a la hora de comer, pero me vuelve a pitar otro mensaje. Lo miro, porque no quiero que siga sonando.
“¡Hola preciosa! ¿Por qué no has aceptado el puesto? Sería muy bueno para ti, podrías ir subiendo puestos en la empresa y no sería por mí, seria por tu buen trabajo”.
El segundo mensaje dice: “Contéstame Paula, por favor. Nos vemos para comer”.
Empiezo a escribir una contestación, pero la borro, seguro que lo de Javi es cosa suya, como lo haya despedido se las a ver conmigo, porque eso no es justo, por una estúpida pelea no merece ser despedido. Eso lo pienso hablar con él.
Sigo trabajando y le quito el sonido al móvil para que no me moleste. A la hora de comer, como siempre Lucia viene a mi mesa para que nos vayamos.
En el restaurante, mientras comemos Lucia y yo, viene Carlos y se sienta con nosotras.
-       -    Pero… ¡Que haces aquí! – le susurro a Carlos. – Que se pueden enterar de lo nuestro. –
-       -    ¿Por qué no me has contestado a los mensajes? Paula, no me voy a ir hasta que me respondas. Y ¿Por qué no has aceptado ese puesto? Me da igual si nos ven, antes del trabajo éramos amigos y vecinos y podemos seguir siéndolos. Y más si no aceptas ese puesto. –
-       -    ¿De qué puesto habláis? ¿Qué ha pasado? – nos pregunta Lucia, también susurrando, parece que estuviéramos conspirando algo.
-        -   Javi se ha ido, Lucia, o eso me han dicho y a mí me han ofrecido su puesto. Pero no lo he aceptado, porque primero me gustaría hablarlo con el señor aquí presente ya que el sábado tuvieron un pequeño encontronazo. – esto último lo digo con los dientes apretados. Carlos nota mi tensión y no dice nada.
-       -    ¿En serio? – dice Lucia sorprendida. – Eso no me los has contado Paula. ¡Uy uy uy…! Tienes mucho que contarme, así que empieza a largar por esa boquita. –
-         -  Pues…el sábado, cuando te dejé en casa, fui a mi casa a coger unas cosas antes de ir a casa de Carlos, y al salir de mi casa, en mi puerta estaba Javier. Se me insinuó, como siempre ha hecho, pero esta vez fue más allá, me acorralo y me beso. Conseguí apartarlo y aquí el señorito me llamo por teléfono, porque no podía esperar a que yo llegase. Javier hablo y a Carlos le molesto, o vete tú a saber. El caso es que vino volando a mi casa, que no sé cuántas multas de tráfico recibirá, pero llego a mi casa y se lio a puñetazos con Javi. Le dejo la cara destrozada. –
-        -   ¿QUEEEEEEE? – grita Lucia y todos en el restaurante se nos quedan mirando.
-       -    No grites tanto. Y eso no es del todo cierto, no le destroce la cara – nos dice Carlos – Solo defendí lo que quería. Además, no sabe que era yo, así que en ese sentido estoy tranquilo que no me denunciara.

En ese momento llego Luis y le volvimos a contar todo lo que había pasado, acabándose así nuestro tiempo para la comida. Subimos en silencio en el ascensor, con una tensión entre Carlos y yo que se podía cortar con cuchillo. Lucia y yo nos fuimos a nuestra sección y sin despedirme de Carlos, él siguió hasta su despacho. Ya hablaríamos más tarde los dos sin que nos molesten y aclarare lo de Javier.
El resto de la tarde se me pasa rápido, estoy tan centrada probando los híbridos de células que hemos creado aquí que no me doy cuenta que Lucia me espera al lado de mi mesa.
-          - Vamos Paulita, que tengo ganas de llegar a mi casa y descansar. Y que te quede claro una cosita, me debes una conversación, contándome todos los cotilleos con pelos y señales. –
-         -  Ya voy Luci, y si, sé que te debo una conversación. Pero tú también tienes que contarme cómo va la cosa con mi hermano. –
Recogí mis cosas y nos fuimos. Una vez fuera, Carlos nos esperaba en su coche. El camino hasta dejar a Lucia fue silencioso, pero el camino hasta la casa de Carlos no cambio mucho. Una vez dejamos las cosas y me puse cómoda le pregunté.
-         -  ¿Despediste a Javier porque va detrás de mí? ¿O por qué? Porque que sepas que no me creo que él se haya ido por su propio pie. Le encantaba su trabajo, es uno de los mejores en esto y si tu estúpido orgullo o tus estúpidos celos no han podido verlo, vas muy mal encaminado para estar conmigo. –
-        -   Paula…déjame explicarte, no he tenido otra opción. Tienes razón con lo de los celos, me ciegan, no soporto ver a ningún tío tocarte, o besarte como lo hizo Javier. Sé que aún no somos nada serio, pero Paula, entiende que llevas a mi hijo dentro de ti, a nuestro hijo, tuyo y mío y eso ya nos une en algo. Yo solo quiero que lo hagas oficial, porque no sé cuánto tiempo más voy a aguantar ocultándolo. Y tu barriga empieza a notarse, debes decirlo ya en la empresa, no te pasara nada, seguirás con tu puesto después de la maternidad. –
-         -  No me has contestado – le digo más enfadada, al borde de un ataque - ¿despediste tu a Javier? –
-         -  Si. – lo dice soltando un suspiro y bajando la cabeza.
-         -  Y si tanto lo querías apartar de mí, ¿Por qué no lo has cambiado de sección? ¿Por qué no le has ofrecido otro puesto igual? Si tenías opción Carlos, la tenías, pero no has querido verla. Javier es una persona, con sentimientos como tú y yo, con una hipoteca que pagar, unos gastos que seguro ni sabes cuales son, no sabes nada de su vida y antes de buscar una solución favorable para todos, lo despides. Busca la manera de que Javier recupere su trabajo o uno similar, me da igual si es en otra empresa, tira de tus contactos y entonces puede que yo acepte ese puesto. – le digo a lo que Carlos se queda callado. Me doy media vuelta para ir a darme una ducha. - ¡Ah! Y esta noche duermo en mi habitación, así que, buenas noches Carlos. –

Subo las escaleras y entro en mi habitación. Cierro la puerta y me quito la ropa. Estoy tan enfadada que hoy no me apetece ni ducharme con él. Cuando el agua comienza a caer por mi cuerpo siento que me relajo. Empiezo a enjabonarme y al llegar a mi vientre, tardo más de la cuenta en ese sitio masajeándolo. Carlos tiene razón, ya se me nota la barriga y pronto todos se darán cuenta.
-         -  ¡Hola mi niño! – le digo a mi barriguita. – tu papá…va a ser complicado vivir con él. No sé si me escuchas o no, pero no me hagas caso cuando estoy enfadada, no suelo estarlo, pero hay cosas que no aguanto como los celos. Y tu padre tiene muchos y sin controlar. Ains mi pequeño, espero que para cuando estés aquí con nosotros, todo esto solo sea un detalle del pasado. –

Sigo duchándome, no sé si los bebes de mi tiempo escuchan ya la voz de la madre, no he leído aun sobre eso y me hago una nota mental para buscar libros de padres y bebes y empezar a leer ya. Termino mi ducha, me seco y me pongo un pijama. Bajo las escaleras camino a la cocina y no veo a Carlos por ningún lado. Busco algo de cena en la nevera y veo que Ángeles ha hecho tortilla de patatas. Me cojo un trozo y me lo como tranquilamente en la cocina viendo un poco la tele. Cuando termino, enjuago el plato y me voy de nuevo a mi habitación. Desde allí mirare por internet artículos de revistas o información que me sirva para saber cómo irá avanzando mi embarazo.

Sobre las once de la noche, ya se me empiezan a cerrar los ojos, no he sabido nada de Carlos desde la discusión, y no quiero saber nada por ahora así que me acuesto a dormir.