viernes, 2 de septiembre de 2016

El Destino de Paula 17



Capitulo 17


Entro corriendo al baño y llego al inodoro justo cuando sale toda la cena de anoche por mi boca, o lo que yo creo es la cena.

Ayer se fue mi hermano y también cuando comencé a vomitar, pero ya tengo cita para el medico esta tarde.

Después de la cabalgata solo tuve dos días para enseñarle a Fernando todo lo que quería, pero no pudo ser todo, ya que mi malestar iba en aumento y siempre estaba cansada y con sueño a pesar que dormía muy bien. La cajita que nos dio mi madre, era una pulsera de plata en mi caso y de cuero en el caso de Fernando, con una placa en la que ponía nuestro nombre por un lado y por el otro esta inscripción: “Hay personas que hacen del mundo un lugar especial con solo estar en él”. Fue un detalle muy bonito de su parte y la llamamos al momento de ponérnoslas.

 

Me limpio bien la boca y me lavo lo dientes, usando un enjuague bucal de menta fuerte, no voy a desayunar, no me entra nada de comida. Y lo peor, hoy tengo que volver al trabajo, se acabaron las vacaciones. Me arreglo como cada día, cojo mi portátil y mis cosas y salgo. Voy a por Lucia como siempre.

-          Que mala cara Paula ¿estás bien? ¿aun sigues con malestar? –

-          Que va tía, voy peor, ayer empecé a vomitar y esta mañana también. Pero esta tarde voy al médico, ya tengo cita. –

-          Si quieres te acompaño Paulita, no tengo nada que hacer. –

-          No te preocupes Luci, seguro que no es nada grave. Habré pillado algún virus, con un poco de medicación, dieta blanda y un pinchazo de “primperan” será suficiente. –

Qué extraña sensación y agradable a la vez, se me hace la vuelta al trabajo. Jose el vigilante nos saluda felicitándonos las fiestas y preguntando por mi mala cara.

-          ¿Soy yo o aquí huele demasiado a desinfectante? Y Jose el de seguridad parece que se haya bañado en perfume. –

-          No seas exagerada Paula, Jose huele como siempre, y con respecto al desinfectante…yo no huelo nada. –

-          Pues a mí me llega hasta el olor a comida del restaurante y me está entrando una angustia… -

Al rato de estar en el laboratorio, aparece Javier, que por la cara que trae ha estado de reunión.

-          ¡Hola Paula! – se acerca a mí, me da dos besos y me felicita las fiestas. - ¿Estas bien? Tienes mala cara. –

-          Si bueno, hoy todos me dicen lo mismo. No, no me encuentro muy bien, llevo unos días así, pero esta tarde voy al médico, no te preocupes. –

-          Si necesitas algo o te encuentras peor y quieres descansar, ya sabes dónde estoy, me lo dices y no hay problemas. –

Le doy las gracias, saluda a los demás con la mano y se va a su despacho. Las horas pasan muy lentas o eso me lo parece a mí, porque el tiempo para la hora de la comida se me hace eterno.

En el restaurante, que es algo así como un “bufet libre”, Luis me pregunta lo mismo que todos en el laboratorio hoy y le contesto lo mismo que le he dicho a todos.

No tengo gran apetito, pero sé que debo comer algo, así que me cojo una sopita de pollo. Es algo ligero que espero que me siente bien.

 

 

La tarde pasa algo más rápida y sin darme cuenta ya me estoy yendo con Lucia, dejándola en su casa.

-          ¿De verdad no quieres que te acompañe? –

-          En serio, no hace falta, no pasa nada Luci. Cuando llegue a casa te llamo y te cuento. –

 

Llego a la consulta del médico y solo tengo que esperar unos 15 minutos cuando me llaman.

-          ¡Buenas tardes! Soy el Dr. Fernández, Mario Fernández. Paula García ¿verdad? – me tiende la mano para que se la estreche y eso hago. - ¿Qué le ocurre? –

-          ¡Buenas tardes! Si soy yo. Pues…vera, llevo varios días con malestar y nauseas, y dos días vomitando por la mañana. –

-          ¿Has tenido fiebre o calambres estomacales? –

-          No, nada de eso. También me siento muy cansada últimamente a pesar que duermo muy bien. –

-          Mmm… - se toca la barbilla pensando. Es un hombre mayor, unos cincuenta años tendrá, con el pelo canosillo y una barba corta. - ¿Cuándo tuviste tu último periodo? –

-          Pues… - ¡Ay madre mía! No puede ser, no me había percatado de ello. – Pues…el 20 de noviembre me vino la última. – agacho la cabeza, no sé cómo no me di cuenta antes de que no me había bajado la regla, pero…si yo siempre uso protección…

-          ¿Cree usted que pueda estas embarazada? –

-          No creo, siempre he usado preservativo… -

-          Pero sabes usted que existe un 1% de probabilidad de fallo. Le vamos a hacer una prueba de embarazo para descartarlo ¿de acuerdo? –

-          Está bien, aunque no creo que pueda… - dejo la frase a medias porque a mi mente vienen imágenes de la fiesta de mi cumpleaños, ahí no use protección ¡OH NO! ¡Esto no me puede estar pasando a mí!

-          No se preocupe señorita García, dele este papel a la chica del mostrador y le indicara lo que debe hacer. Cuando termine, viene de nuevo. –

En el mostrador me dan un bote para hacer pis y se lo lleve a la enfermera con el papel. Hago lo que me piden, le entrego el bote y el papel a la enfermera y ella mete un palito en el líquido y de repente aparecen dos rayitas rojas bien definidas y me temo lo peor porque sé que significan. La enfermera apunta algo en el papel y me lo da para volver a la consulta.

-          Como habrá visto señorita García, es positivo y como le he dicho existe un 1% de… -

-          NO – le interrumpo – No hay fallo, hubo una vez que no use protección, en una fiesta en la que bebí un poco de mas, todo paso muy deprisa, no reaccione con rapidez y no tengo excusa. – para entonces las lágrimas contenidas ya están rodando por mis mejillas.

-          No se preocupe señorita, solo tiene que hablar con el padre de la criatura y decidir si quieren seguir adelante con el embarazo o…abortar. – el medico se ha puesto muy serio y lo último le ha costado más de la cuenta decirlo.

-          No, no y no, nada de aborto. No puedo hacer eso. Seguiré adelante con el embarazo, aunque sea yo sola. – no sé cómo lo voy a hacer.

-          En ese caso déjeme darle la enhorabuena señorita – parece que se le dibuja una media sonrisa en la cara. – y las siguientes pautas a seguir, porque está usted de unas 8 semanas, dos meses aproximadamente. – el medico sigue hablándome, pero yo he desconectado y dejado de escucharle, solo veo que me da una serie de recetas y un par de hojas, la que explica como tomarme las vitaminas y la otra para hacerme una analítica.

-          Bueno señorita García, pida cita en mostrador para la analítica y una semana después para darle los resultados, y también le darán la cita para la primera ecografía a las 12 semanas. Nos vemos señorita. – me vuelve a tender la mano para estrechármela.

Salgo de la consulta de manera mecánica, doy las hojas a la chica del mostrador y asiento cuando me hace un par de preguntas que no escucho. Me da otro par de papeles que cojo y me llevo a casa.

 

Al llegar no sé qué hacer ¿Cómo se lo digo a mi madre? ¿Cómo se lo tomara? Y ¿Le digo algo a ojitos verdes? Apenas lo conozco, no sé si decirle lago o no ¿Qué hago?

El sonido de mi móvil me saca de mis pensamientos y me regresa a la realidad. Miro la pantalla y es Lucia. Descuelgo sin decir nada.

-          ¿Paula? ¿Estás ahí? ¿Ocurre algo? Me tenías preocupada, dijiste que me llamarías al llegar a casa. ¿Qué te ha dicho el medico? – Lucia habla sin parar.

-          Estoy embarazada – le suelto de forma mecánica, así sin anestesia ni nada.

-          ¿QUEEEE? Estas de coña ¿no? Venga, dime que te ha dicho el médico. –

-          Me ha hecho una prueba de embarazo que ha resultado positiva y resulta que el padre es el misterioso ojitos verdes. – le digo de carrerilla y cuelgo.

No tengo el cuerpo para sermones, ni gritos, ni nada. Le quito el sonido al teléfono para no escucharlo y me dirijo a darme un baño. Necesito limpiarme todo esto que tengo encima, me siento sucia y necesito despejar la mente para pensar con claridad.

Mientras estoy en la bañera oigo el timbre y porrazos en la puerta, y como se quién es, decido no moverme de donde estoy.

Cuando llevo un rato sin escuchar ruido en la puerta de entrada decido salir de la bañera y secarme, no me gusta lo que se le pueda pasar por la cabeza a Lucia, es capaz de escalar la casa solo para entrar. Me pongo el pijama y miro el móvil ¡20 llamadas! Todas de Lucia y unos 30 mensajes. Los leeré después cuando le abra la puerta, pero lo primero que hago es mandarle un mensaje a ojitos verdes:

 

“¡Hola ojitos verdes! Tengo una mala noticia que darte ¿te acuerdas de la fiesta de máscaras? Esa en la que no usamos protección, pues adivina…estoy embarazada y tú eres el padre.”


jueves, 1 de septiembre de 2016

El Destino de Paula 16


Capitulo 16

Estoy en la estación de Atocha y estoy bastante nerviosa por dos motivos, uno es el miedo a lo que pueda pasar, porque nunca sabes cuándo puede ocurrir otra desgracia como la del 11M, y con la cantidad de atentados que están sucediendo en Europa, los aeropuertos, estaciones de trenes y lugares muy concurridos no son sitios recomendables para estar mucho tiempo en el lugar. El otro motivo es bueno, estoy esperando que llegue el tren donde viene mi hermano, es la primera vez que viene a Madrid y quiero enseñarle tantas cosas, que no se si nos dará tiempo a verlo todo.

Anuncian la llegada del tren en 5 minutos aproximadamente y me sobresalto, dándome cuenta que me estaba mordiendo las uñas.

-          ¡NANDO! – le grito a mi hermano en cuanto lo veo, levantando la mano para que me vea de entre el gentío. - ¡Nando, estoy aquí! –

-          ¡Hola Paulita! – viene hacia mí, suelta las maletas, me abraza y me da dos besos. – Esto es una locura, cuanta gente hay aquí. –

-          Normal, es una estación más grande. - me hace gracia que se sorprenda, sabe que en Madrid hay más gente y que esta estación es la más concurrida de España. – Venga, vámonos a casa, comamos algo y después si quieres te enseño algo. –

Una vez en mi barrio, nos acercamos al quiosco de Aureliano a por algo de comer.

De repente se pone a llover y a mi hermano se le quitan las ganas de salir, pero consigo convencerlo de ir a ver una película al cine, allí estamos resguardados y al estar en el centro comercial, podemos dar una vuelta por allí. Aprovechamos para entrar al supermercado a comprar algunas cosillas para comer que me faltan en casa.

 

 

Escucho el sonido de mi móvil, y no es la alarma, no se quien osa llamar a estas horas, pero descuelgo el teléfono sin mirar la pantalla.

-          ¿Si? ¿Quién es? –

-          ¡Paulitaaa! Soy yo Lucia ¿Aun durmiendo? – miro la pantalla del móvil y me quedaban 20 minutos de sueño.

-          Si, tenía el despertador para que me sonara dentro de veinte minutos, pero ya has sonado tu primero. –

-          Anda mujer, por 20 minutillos de nada, levántate que la vida es para disfrutarla. –

-          Si, vale, como digas. – mi voz sigue rasposa, y mi estómago vuelve a revolverse - ¿Quieres algo Luci? –

-          ¡SÍÍÍ! Veras, es que mi hermano, mi cuñada y mi sobrina quieren descansar el día de hoy, para estar al 100 % en la cabalgata, así que… ¿Puedo irme contigo para enseñarle Madrid a tu hermano? – aunque no la vea, sé que me está poniendo ojitos y a eso no me puedo resistir. Y la verdad que hoy no me encuentro muy bien, una ayudita no me vendría mal.

-          Está bien Luci, puedes venir. Dentro de media hora, cuarenta y cinco minutos estamos en tu casa. Prepárate para un día intenso. –

-          ¡¡¡SÍ!!! ¡¡SÍ!! ¡SÍ! – tengo que apartar el teléfono de la oreja si no quiero quedarme sorda. - ¡Que emoción! Gracias Paula. –

Bueno, pues es hora de levantarse, así que me aseo y me pongo ropa cómoda y sencilla, pero abrigada, hoy hace un frio de cojones.

-          ¡Buenos días chiquitina! – mi hermano me da un beso en la coronilla en cuanto me ve. – Que mala cara tienes ¿no has dormido bien? –

-          Dormir, si he dormido bien, pero tengo el estómago revuelto hace ya un par de días y no sé por qué. ¿Qué quieres para desayunar? –

-          Un café y unas tostadas estaría bien. –

-          Pues marchando. Yo solo tomare un zumito, el malestar no me deja comer apenas, voy a tener que ir al médico después de las fiestas si esto sigue así. –

Recogemos a Lucia y el recorrido de hoy será Plaza Colon, nos haremos unas fotos en la Plaza Cibeles y Puerta de Alcalá. Después nos vamos a comer cerca de la Puerta del Sol y allí hacemos también algunas compritas de suvenir para mi hermano.

-          Un momento Lucia, vamos a pedirle a alguien que nos haga una foto a los tres, que ya está bien que siempre hagas tú las fotos. – dice Fernando y veo como Lucia se pone roja como un tomate. Parece que le ha gustado mucho.

-          Vale, como quieras… A ver… Eh… perdona ¿podrías hacernos una foto? – Lucia le da el móvil a una chica que pasa por su lado.

-          Sácanos bien, que quiero guardarme esta foto con las dos chicas más guapas de Madrid. – dice Nando, a mí me entra la risilla floja porque sin ver a Lucia, sé que está más colorada todavía si puede. Y eso que ella es muy lanzada, pero cuando algún chico le gusta mucho, le entra una vergüenza tremenda. No sé cómo ha aguantado toda la mañana hablando y hablando y colorada siempre.

-          Venga Nando, tampoco es para tanto. – nos colocamos bien para la foto y antes de escuchar el “clic”, mi hermano nos da un beso a cada una en la cabeza. - ¡¡Nando!! Que estropeas la foto, colócate bien. – le digo-

La chica nos saca unas cuantas fotos más y nos devuelve el móvil.

-          ¿Cómo que no es para tanto Paulita? Vosotras sois, por ahora, las dos chicas más guapas de Madrid que conozco. –

-          Gracias. – contesta Luci muy bajito.

-          Vamos a ver hermanito, antes de conocer a Lucia decías que la odiabas y que ibas a tener una conversación seria sobre nuestra amistad y ¿ahora es la más guapa? ¿Qué ha pasado? – Lucia se me queda mirando con cara de asombro y luego mira a Fernando con cejo fruncido.

-          ¿Cómo es eso que me odiabas sin conocerme? – creo que he despertado a la bestia, espero poder calmarla, porque creo que he metido la pata.

-          No es que te odiase, si no te conocía ¡por el amor de Dios! Pero cuando Paula me conto lo de su cumple, no me pude creer que una amiga como tú, dejase a mi hermana sola con un completo desconocido. Y además borracha. –

-          No la deje sola, yo no la emborrache, bebió ella solita y el tipo ese…parecía que se conocían de antes, que iba a saber yo que era un desconocido. – Lucia ha sacado a la guerrera que lleva dentro, ya no siente tanta vergüenza.

-          ¡¡Eh, eh, eh!! No os peleéis ahora, nunca te dije que me dejaron sola Nandito, y no iba borracha y además se trata de mí y soy bastante mayorcita para cuidar perfectamente de mí. – creo que le he dejado claro las cosas a mi hermano, pensé que lo que dijo en Almería era de broma. Nadie se mete con mi amiga. Y menos mal que no le conté todos los detalles de aquella noche.

-          Vale hermanita, lo siento. Eh…lo siento Lucia, cuando pensé eso de ti no te conocía y te juzgue por lo que me conto Paula, pero al conocerte hoy, creo que eres una muy buena amiga cuando os veo juntas y además muy guapa. –

-          Vaya…gracias Fernando. –

-          Bueno, aclarado todo, vamos a comprarnos unos sándwiches y cojamos un buen sitio para ver la cabalgata. –

Estando en nuestro sitio, Lucia llama a su familia. Desde la mini pelea de antes, he notado a mi hermano un poco más atento con mi amiga, no sé si porque se siente mal o porque le ha gustado mucho.


jueves, 25 de agosto de 2016

El Destino de Paula 15




Capitulo 15
 
PAULA

Oigo golpes en mi puerta y maldigo a quien los esté dando. Tengo mucho sueño. En días como este me digo que no volveré a salir, aunque al final siempre lo hago.

-          Quien sea que golpee la puerta que me deje en paz, tengo sueño. –

-          Hija… - es mi madre – es la hora de comer, no has desayunado y seguro que no has comido nada desde la cena. Vamos cariño, ven a comer y luego sigues descansando. –

-          Vale mama – tiene razón, mi estómago ruge, sobre todo porque me encanta la comida de mi madre. – ahora bajo a comer. –

Me levanto de la cama y cuando entro al baño, lo primero que hago es mirarme al espejo, porque el reflejo que veo no soy yo ¿o sí? Parezco un zombi, ayer no me quite el maquillaje al regresar y tengo los ojos negros como un panda.

Me lavo la cara y me aseo un poco, pero no me quito el pijama y bajo así. Solo comemos los cuatro, mi abu, Nando, mi madre y yo, así que da igual cómo vaya vestida.

-          ¡Buenos días! O tardes ya. – digo nada más entrar.

-          ¡Buenas tardes hermanita! Parece que ayer te lo pasaste muy bien, has dormido mucho. – Fernando tiene la cara muy fresca, como si no hubiera salido de fiesta y hubiera dormido toda la noche.

-          ¡Buenas tardes cariño! ¿Te lo pasaste bien anoche? No tienes buena cara. – pregunta mi abuela. Se ha vuelto una cotilla desde que está en el centro.

-          Muy bien abuela, fue una noche fantástica. – no quiero especificar más, ya que ayer cuando regresé a la disco no les conté nada de lo que hice o donde estuve a Gonzalo y mi hermano.

Me siento en mi sitio y empezamos a comer en silencio y así pasamos casi toda la comida hasta que mi madre pregunta.

-          ¿Cuándo os vais? –

-          Mañana por la mañana Carmela, comeré allí en Murcia, que por la tarde tengo un cliente particular que quiere entrenarse para hacer un triatlón. – dice Nando.

-          Yo me voy también por la mañana mama, ya sabes que mi tren sale a las tres de la tarde, así que comeré por el camino. –

-          Está bien chicos, y esta tarde ¿haréis algo? – dice mi madre mientras recoge los platos, sé que debería ayudarla, pero a veces gusta que alguien te haga las cosas.

-          No se mama, dijimos de tomar un café con Gonzalo, para despedirnos. Aunque Gonza se va el domingo, nosotros mañana. –

-          Pues mañana antes de iros recibiréis vuestro regalito de reyes, aunque no podéis abrirlo hasta el día 6 ¿de acuerdo? –

-          Vale Carmela, pero no hacía falta que nos dieras nada. –

-          Pero si no es ninguna molestia hombre, es solo un detalle para que lo abráis juntos, porque te vas a Madrid para el día de reyes ¿no Fernando? –

-          Si Carmela. El día 4 cojo un tren a Madrid y regresare el día 8 a Murcia. Cuidare a la pequeña Paula y la llevare a ver la cabalgata, ¡ja ja ja! – se ríe Nando.

-          Que graciosillo nos ha salido el niño. Más bien te llevare yo a ti, que yo vivo allí y me conozco todo. – le contesto sacándole la lengua como los niños pequeños.

 

Al terminar de comer, subo a mi habitación, me doy una ducha y me pongo algo decente, pero sin arreglarme mucho, unos vaqueros ajustados, mis botas de cuña marrones, una camisa y un jersey.

Me suena un toque al móvil y es Gonzalo que está esperando puntual en el coche. Pasamos una tarde muy buena los tres y al dejarnos en casa, yo solo le di dos besos a Gonzalo y quedamos en que ya hablaríamos.

 

 

A la mañana siguiente me sonó el despertador y ¡¡madre mía del amor hermoso!! Como me cuesta volver a la rutina y levantarme tan temprano, pero tengo que terminar de recoger mis cosas y despedirme de mi hermano, mi madre y mi abuela.

Mi madre nos da un paquetito a cada uno antes de irse Nando.

-          Nos vemos en Madrid hermano. –

-          Si chiquitina, te aviso cuando vaya a coger el tren. –

Mi madre y mi abuela me acompañan a la parada de autobuses y esperan conmigo hasta que llegue el bus que me llevara a la estación de tren.

-          Adiós abuela, sigue con tus juegos de cartas y tus actividades y ejercicios, pareces más joven. –

-          Adiós cariño. Come bien y ten cuidado. Y búscate un buen mozo de una vez por todas que “se te pasara el arroz”. –

-          Adiós mama, te llamo cuando llegue a Madrid. Cuidaros mucho. Os quiero. –

-          Yo también te quiero hija. Cuídate y llama más a menudo. –

Le vuelvo a dar dos besos a cada una y un gran abrazo y subo al autobús.

Llego a Madrid por la noche y un taxi me lleva a mi casa. No he hecho nada en el viaje, pero estoy agotada.

 

Al día siguiente quedo con Lucia para comer, su hermano y su sobrina aún están aquí, pero irán al centro comercial a comprar. Me estoy arreglando en casa cuando escucho que me llega un e-mail. Tengo que leerlos siempre, porque muchos son del laboratorio informando sobre un cambio de horario, documentos que hay que llevar, etc.

Pero no es del trabajo, es de Carlos que me felicita el año nuevo.

 

“¡Hola Paula! ¡Feliz año nuevo! ¿Qué tal llevas las vacaciones? Espero que ya estés de vuelta en Madrid, me gustaría verte antes que empiece el trabajo. Pero si aún ni has vuelto, no pasa nada, disfruta de tu familia. Besos. Carlos.”

 

Decido contestarle en otro momento y terminar de arreglarme, porque no me gusta llegar tarde a los sitios.

Estoy en la puerta del restaurante donde hemos quedado y veo llegar a Lucia reluciente y con esa elegancia que la caracteriza. Todo el mundo a su alrededor se la queda mirando, desde que la conozco siempre ha sido así, ella eclipsa todas las miradas.

-          ¡¡¡Hola Paulaaa!!! ¿Cómo estás? – llega hasta mí y me da un abrazo de oso y dos besos muy sonoros. – Te he echado de menos, aunque no he parado ni un segundo. –

-          ¡Hola guapísima! Yo también te he echado de menos, pero me ha sentado de maravilla el descanso. –

-          Tienes que contarme todo todo ¡madre mía! Ese Gonzalo está muy bueno ¿y cómo es en la cama? Si no lo quieres para ti, dame su número, preséntamelo, que yo si lo quiero. ¿Te encontraste con el chico misterioso? ¿y cómo fue eso? ¿no te dijo su nombre? –

-          Para el carro chica, poco a poco ¿no? Mejor primero entramos y te voy contando. Tú también tienes que contarme que tal con Javi. –

El metre nos lleva a nuestra mesa y en seguida llega el camarero con la carta. Lucia pide un vino blanco y yo esta vez me pido agua, esta mañana me he despertado con el estómago algo revuelto, supongo que de tanto comer encasa de mi madre estos días.

Lucia se pide para comer un secreto a la brasa con salsa Pedro Ximenez y yo dorada a las finas hierbas a la plancha, algo ligerito, no quiero ponerme mala antes de empezar a trabajar de nuevo. Nos pedimos también una ensalada de la casa a medias.

Le voy contando todo a Lucia, aunque ya le resumí varias cosas en mensajes, quiere saber la historia completa como buena cotilla que es.

Ella me cuenta que salió de fiesta una noche con Javier y Luis y luego se vieron también en nochevieja en Sol. Dice que solo se dieron un par de besos, pero que Javi le dejo bien claro que no quería nada serio con ella. Está un poco decepcionada pero nunca pierde la sonrisa. Le cuento que mañana viene mi hermano y que podemos ver la cabalgata juntos. Ya me ha dicho en varias ocasiones que mi hermano es muy guapo y que tiene muchas ganas de conocerlo.

-          Después nos vamos de compras Paula, con todo el lio de mi sobrina no he podido comprarle nada para reyes. – me dice Lucia al terminar de comer.

-          Vale, pero primero vayamos a tomar un café, o en mi caso una infusión. –

-          No tienes remedio, si es que la comida de tu madre Paula está muy buena. Lo poco que he probado de la que has traído estaba de lujo. – eso es verdad, mi madre antes me daba tuppers con comida para traerme a Madrid, pero cuando comprendió que comía bastante bien en el restaurante del laboratorio, dejo de dármelos. – No me extraña que hayas pillado una triponera. –

Después de tomarnos el café y de hablar de trivialidades, nos vamos de compras por el centro de Madrid. Lucia ha entrado al probador con tres conjuntos de ropa, tardara un rato en salir, así que decido contestarle a Carlos el e-mail.

“¡Hola Carlos! Ayer llegue a Madrid, he pasado unos días estupendos con mi familia y el descanso me ha sentado bien. Me gustaría verte, pero tendrá que ser después del día de reyes, porque mañana viene mi hermano a pasar unos días. Además, así puedo darte tu regalito de reyes, ¿te acuerdas cuando éramos pequeños? Siempre había un regalito para cada uno en la casa del otro. Espero que pasaras una buena navidad. Besos. Paula.”

Voy a aprovechar esta tarde y le buscare el regalo a mi hermano, y también el de Carlos.